Éxitos y fracasos
De todos ellos estamos hechos. Un conjunto de éxitos y fracasos determina mucha de nuestra vida; asimilarlos o no depende sólo de nosotros. Qué injustos somos cuando sólo atendemos la importancia de los fracasos. La vida no es sólo felicidad, no es sólo sonrisas ni es sólo justicia. Desestimar el valor de un fracaso es negarse a aprender y, sobre todo, a rectificar.
La perfección no existe, sólo hermosas imperfecciones que en ocasiones nos llevan por caminos equivocados y, cometido el error o consumada la pérdida, sólo queda el camino del duelo seguido del aprendizaje y la adquisición de nuevas felicidades.
Desestimar el valor de un éxito, por pequeño que sea, es ser ingrato ante la vida. Cuántas veces nos negamos a visualizarlos al quedar enmascarados por fracasos que maximizamos como si fuesen lo único que altera nuestra manera de vivir. Hay días en que no agradecemos una palabra amable, que no sabemos ver todo aquello que otros admiran en nosotros, que hacemos las cosas por pura rutina cuando los hay que darían lo que fuera por poderlas hacer.
Cómo nos pasa la vida mirando en negro... cómo se diluye el espíritu humano deshechando lo bueno que tenemos... cómo nos gustan las quejas, en lugar de callar y mirar adelante llevando la mente y el alma cargados con algo más de sabiduría.
No es necesario ser perfecto, ni sabio, ni cuerdo siquiera... sólo admitir que nos equivocamos, que erramos, que fallamos, y que también de nuestra sonrisa dependen otras miradas, y de nuestras palabras otras vidas.
0 comentarios